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Rivera Zenteno
La falta de propósito en muchos no nace de la desobediencia, sino de la ausencia de discipulado. La Escritura nos recuerda que el crecimiento espiritual no es automático, es acompañado. Jesús no solo llamó discípulos; vivió con ellos. Les explicó las parábolas en privado (Marcos 4:34), los corrigió con amor (Lucas 22:32), y caminó con ellos aun en su inmadurez. Proverbios 27:17 dice: “Hierro con hierro se aguza; y así el hombre aguza el rostro de su amigo.” Sin discipulado no hay afilamiento. Más
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